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Hoy amanecí extrañándome un poco. Quizás porque todo este tiempo ha sido una sucesión de rutinas que me van helando las memorias de un tiempo que pasó. Y de repente a este frío seco que se había instalado le llego la lluvia. Como si intentase lavar todo, enjuagarme a mi desde afuera, hacia adentro. La belleza estaba siempre, pero, son como esas pequeñas cosas bonitas que nos refieren y nos remontan a tiempos extenuantes de tan bellamente vividos. Entonces con la lluvia, me llego el llanto. Esa lagrima de realidad, de despertar de una vigilia que dolía hasta los huesos. Hoy volví a practicar ese deporte viejo (y mío, muy mío) de soñar con los ojos abiertos. Y entonces soñé que la luna el miércoles va a ser de color celeste, que quizás me haga llorar un poco, también con un llanto de color celeste. Pero después soñé con mundos de color rosa y me tranquilicé. Luego abrí la ventana y mi risa se puso a chapotear. Me di cuenta cuanto tiempo había pasado, de repente, y no importó. El aroma de la tierra empapada de este brebaje tan claro y purificador. Las pequeñas bestias de ese mundo debajo de mis pies ya no podían disimular su alegría, y comenzaban a salir por todos lados para verla, para adorarla, para llenarse de esta nueva vida que era lluvia. Como una magia de olores y murmullos de quien sabe que dios. Si, quizás yo supiese quien murmuraba cada vez mas alto, Perséfone había venido desde una profundidad casi sumisa a despertar a Mnemosine y todo era una fiesta de perfumes y sonidos. Hasta casi puedo saborear todos los manjares imaginables, exprimirlos de este llanto, que es esencia de este mundo. Y entonces no es solo la lluvia, es también lágrima, aquella que había predicho. Porque hoy, sabiendo que todo quedo atrás y aunque todo ya ha quedado lejos, ahora que estoy empapada en mi perdón, me gustaría que pudieses estar aquí con todos tus sentidos abiertos. Y que este sabor a vida te invada cada sentido, cada vena, cuando me recuerdes. Y así, cuando se apaguen todos mis sueños de inmortalidad, yo volveré en la lluvia, para perdonarte, para lavarte, para hacer que tu amplia sonrisa chapotee en los charcos de esta existencia. Te daré inmortalidad a través de mi humedad, como lo hago hoy (medio despierta, medio soñando) cuando te grabo, te hago eterno a través de todo el amor que te profiere mi recuerdo.