Mostrando las entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas

sábado, enero 19, 2008

"siempre estaré contigo"

Septiembre. El aeropuerto de alguna ciudad del mundo. Una mujer que llora y clava sus dedos en el omóplato izquierdo de un hombre. un hombre aguanta la respiración y le susurra algo al oído a una mujer que llora. Gentes que corren. Gentes que acumulan equipajes. Un aeropuerto lleno de historias invisibles para el resto de historiadores que se despiden entre sí. Una mujer que escucha un susurro y se tranquiliza.

Octubre, noviembre, diciembre, enero o febrero. Una mujer sonriendo bajo las sábanas. La onomatopeya de un teléfono que suena. La voz de otra mujer recortada por un océano. Una sonrisa que se rompe y se transforma en mueca. Un beso, una caricia en el canto externo de un muslo. Miradas que nadie quiere mirar. Ojos que huyen. "Te quiero". "Te adoro".

Marzo. El aeropuerto de alguna ciudad del mundo. Una mujer que llora. Un hombre con un dejavou. Una mujer que intenta susurrar algo y no puede. Un hombre que recuerda una certeza dicha.

Después. Una mujer sentada sobre su cama con un teléfono en la mano. A medio marcar un número de alguna ciudad del mundo. Una mujer que atiende y le comenta a un hombre que nadie está constestando. Una mujer en una cama que llora y piensa que hay cosas que no pueden prometerse dos veces.


(Bogotá, Colombia)


martes, septiembre 06, 2005

Garganta

Sin querer, y queriendo sin querer, lo estás aniquilando. Lo hundís con el dedo en tu whisky on the rocks, y si podés lo metés entre dos hielos ( la espada y la pared, diría un amigo). Después me decís (en realidad ya no nos decimos más nada, por designio de una suerte extraña y frívola) que no te encontrás. Cómo te vas a encontrar entre tantas figuras de cartón tamaño real de vos mismo. Encima dejás abiertas las ventanas, con el pleno invierno que vaga allá afuera... y vos desnudo entre papeles que hablan de un hombre almidonado y gris, y retorcido y cruel.
¿No te das cuenta de que temblás? ... No...
Al final, como un imbécil solitario, te preocupas por tus demonios, y el único monstruo capáz de comerte es esa coraza a la que le permististe encerrarte.
Al final, como dos imbéciles, nos abandonamos mutuamente en plena soledad. Y vos no sé que harás, yo grito en pasillos eternos buscando salir de la hoguera... y pienso de vez en cuando en vos.... casi siempre con odio, por que te estás devorando al tipo desnudo que sos... detrás de la armadura almidonada.

domingo, agosto 14, 2005

Cien años de soledad


"... ningún lugar de la vida es más triste que una cama vacía"- G. García Márquez

lunes, agosto 01, 2005

Adentro

Adentro... y esta manía de agarrarse el pecho, este simbolismo de manos superpuestas sobre un corazón que es un puño poéticamente trillado. Y digo adentro... como si fuese verdad esa metáfora de corazones que se rompen como cristales de invierno. Como si alguna vez a alguien le hubiesen vaciado realmente el pecho de contenido. Como si fuese real que sin alguien a otro alguien le faltó alguna vez el aire de los pulmones. Y al final si es sólo sangre, músculo, aire, impulso y hueso, ¿por qué sigo diciendo adentro? ¿Por qué duele sin doler, y adentro? ¿Por qué no duele afuera donde se puede emparchar? ¿Por qué este dolor que es cosquilla, presencia, memoria? Adentro sin haber entrado ni poder salir. Como si su gestación, crecimiento, mutación e inmortalidad viviesen sólo en un mundo de adentros. Adentro de mí, de mi piel, de mi pecho, de mis huesos, de mi corazón, de mi sangre.
Adentro de la cajita en donde te guardo junto a la cara triste de los días de bossa y lluvia , a la lágrima de despedida de estación de tren agolpada en la garganta, y a los labios temblorosos de película drámática que acaba de terminar... Adentro envolviéndolo todo, y tan sólo eso... y quizás nada hoy, que yo estoy más afuera que dentro de mí.

lunes, mayo 16, 2005

Cruces en la Soledad


No sé que buscas en ese lado de mi.
No sé desde que lado de vos me estás tocando, cuando me tocás. Ni quien canta cuando cantás.
No sé que hago parada en esta cara de la moneda, escondida en el rincón de mi cajita musical. Esperando que aparezcas y des cuerda. Y bailar.
No sé si vos temblás a veces. Yo no sé quien tiembla cuando tiemblo. Puede que sea la otra que vive en ese lado de mi. Y no sé que buscás ahi. Quizás compañía para el hermitaño que habita en ese otro lado de vos.

lunes, abril 18, 2005

Avestruces


Perdón por el abismo... por la pared, la burbuja y la coraza... Perdón porque después de ella estoy desnuda y no podés verme. Perdón pero es que temo, que más allá de mi abismo, esté tu abismo, tu pared, tu burbuja y tu coraza.
Perdón porque sé que detrás de ella estás desnudo y no te puedo ver.
Quizás lo único que nos aleja, entonces, son nuestros temores... Y quizas también sean ellos los mismos que de cuando en cuando nos logran acercar.