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lunes, noviembre 07, 2005

No me cuides más

Voy a pedirte que no me mires más así. Guardas entre los dedos un silencio que me deja inerme. Y no es silencio de cosas ausentes, sino calladas. No construyas hacia mi laberintos de zozobras vanas. A veces no puede impedirse que duela. A veces, para mi o para vos, hay dolor en el destino. Un soplido de algodon puede quemarme la piel. Pero tené menos cuidado de mi fragilidad. Hoy sólo quiero hundirme en vos, en tus flores y tu barro... inundarlo todo así. Colmar una habitación con anarquía de pieles y palabras, y vivir. Con la punta de los dedos, vivir. No me cuides mas. Tan sólo ayudame a vivir amor siempre. En un siempre que es ahora y nunca más. Si existiese, el día en que la punta de los dedos recoja sal, será mañana. Hoy dame todo lo que tengas para mí. Yo procuraré no soplar algodón en tus pupilas. Y dar labios y comisuras a tus parpados dormidos. Pero no me cuides más de vos. Y sabé que yo no voy cuidarte de mi, corazón. Porque yo, soy lo único que tengo para darte.

martes, junio 07, 2005

Mariposa de Colección

Voy a elegir alguna grieta del cuerpo y lo voy a guardar. Voy a esconder tu trivial perfume combinado con el aroma libidinoso que en ciertos momentos toma el tabaco. Antes tengo que saber como coser la herida cuando lo encierre ahi dentro.
Era
una imagen premonitoria: había que volar, nene... volar. Con los pies en la tierra, volar. Pero tu esencia no bastó para sobrevivir al viaje, y el tábaco fue humo y ceniza inerme.
Tuve que migrar, perdón, es la fragilidad. Como la mariposa que se quema en la odisea de vivir.
Otra vez. Y una vez más. Mis pies en alguna nube otra vez. Mis alas consumidas de fuego, alimentado la tierra, una vez más.

lunes, abril 18, 2005

Monstruos


Y al final, todo resultaría bien, si utilizaces mis manos como credo, y el hueco de mi vientre cual cobija, cuando tus monstruos llaman a la puerta... porque seguramente los míos les siguen detrás

viernes, abril 01, 2005

Gritarlo

Encontrarse.
Invitarte a dormir en el hueco de mi mano, sin canciones de cuna que te quemen las pupilas. Tan sólo un puñado de sal para las heridas. A veces para sanar hay que sufrir, nene, hay que gritarlo. (Me duele).

Descubrirse.
Armar un ramo de calas, melodías y aromas de lavanda y miel, para que riegues cada rincón de tu casa, y te ayuden cuando el mundo se te haga muy pequeño. A veces para sanar hay que reir, nene, hay que gritarlo. (Me gusta).

Desencontrarse.
Comprar una cajita en donde pueda esconderme cuando saques sin querer, el puñal. Y un par de nuevas canciones de cuna que quemen tu imagen en mis pupilas. A veces para sanar hay que cuidarse, nene, hay que gritarlo. (Cuidame).

Buscarse.
Evocar las palabras mágicas que te llaman. Decir en voz alta el sortilegio que me encuentra. Envolverse en el silencio de miradas carentes de armadura. A veces para sanar hay que entregarse, nene, hay que gritarlo. (Me entrego... Entregate).

Siempre para gritarlo hay que buscarse, nene, siempre buscarse...