lunes, mayo 28, 2007

Virtualidades Eternas

Te convidé mi cielo a cuatro mil metros de altura.
Te traje a este mar que cabe en nuestro ascensor.
"¿Será que nunca voy a elevar anclas de vos?"
Pregunté a la arena (a cuatro mil kilómetros de vos)

Mis pies se hunden en el Pacífico Sur:
y un Río de Plata en mi hemisferio derecho.

Este castillo que te hice
(que me hice)
para que me gustes;
Y un amor virtual de problemas reales:
personas con carne,
historia,
huesos,
pasiones,
querencias.

Ausencias y presencias:
presencias ausentes,
Ausencias presentes
¿Donde estamos?
¿Estamos?

¿Cuando vas a dejar de pensar en esa nena blanca sobre el disco compacto?
¿Cuando te vas a preocupar por la chica idiota que piensa que te quiere?
¿Y qué si al final es mi odio en estado casi puro?
¿Y qué si al final te supero?

Al menos nos queda un a-los-ojos
(basta de emoticones con paréntesis)
como mínimo te creeré más valiente que hoy.

Quizás gire la rueda así,
una vez más gire.
Y todo empiece de nuevo
(o de viejo).

¡Digamos la verdad YA!
Fuimos dos desconocidos
juagando al romanticismo
de TV blanco y negro;
en un siglo de luces,
pastillas,
familias disfuncionales,
psicoanálisis para zafar.

Tomá mi mano.
Soltame.
Quereme.
Dejame en paz.
O no;
mejor no me hagas caso.
No sigas al pie de la letra mis mapas de mi.
Tomá un atajo.
Sosprendeme.
¡Sorprendeme!

Hay cosas que yo
no puedo hacer que vos
hagas por mi.
Perdonáteme.


(Montañita, Ecuador)

Matate I


Es tan grave que haya sido una estupidez tan sublime y tan evitable; una tontería que al borde de hacerme reir, logra entristecerme y darme ganas de salir a matar estúpidos por ahí (adiviná el primero en la lista).



(Montañita, Ecuador)

Matate II


No quiero escribir más sobre odios
y sobre amores difíciles,
perdones, estupideces y pestes contradictorias.
Quiero escribir cursilerías
de te quieros o paisajes marítimos.
O no quiero escribir mas.
Quiero poder parar un taxi
e irte a buscar a vos
o a cualquiera
para perdernos con la inocencia
del primer día.



(Montañita, Ecuador)

Matate III


Me enoja que me hayas hecho volver a pensar y re-pensar, que me hayas extraditado de mi breve exilio del Imperio de la Cabeza.


(Montañita, Ecuador)

Matate IV

Me aburre esta solemnidad
victimaria
y victimista,
de telenovela venezolana
de los noventa,
barata y predecible,
tan cansina
y sin piel.


(Montañita, Ecuador)

Matate V


A veces me importan un carajo

tus metas grandes
de tocar como Satriani,
de rehabilitar tu nariz,
de entender a Carpentier,
o de poder abrazar a tus tuyos tan ajenos.
Quiero simplemente que te limites
a decirme
que sos un idiota,
que te arrepentís
y a conseguir pintura mágica
para tapar
tus puñales imbéciles
en mi pared.



(Montañita, Ecuador)

Matate VI

No sé si te quiero,
quizás te quiero querer
o al menos tener
la posibilidad
de llegar a quererte,
como pensaba la primera vez
que me llamaste princesa.


(Montañita, Ecuador)

Matate VII


Alimento mi enamoramiento eterno

hacia un hombre finito
miserable
hermoso
desconocido
como todo.
Tan breve que exige que lo alargue,
un hombre
con límites
con espacios fuera de mí.
Lo amamanto,
le doy de comer lo más íntimo de mi ser
a un extraño
que tengo medido en lo más íntimo de sí mismo,
y que no sé donde poner.
A dormir, por lo menos.


(Montañita, Ecuador)