jueves, septiembre 15, 2005

Devorada

El mundo del derecho y el revés. Y viceversa. Ahora entiende por qué hace un tiempo tituló a una poesía "Adentro". Y se enojaba con ese Adentro social y mentiroso. Se enojaba porque ella no paraba de mentirse. Hacia adentro. Y se habia vuelto una de esas personas a las que no les gusta cruzarse con el reflejo de los espejos. Jugaba con ella misma a un Escondite Inglés solitario. Y ahora que quería verse, detrás del tul no podía ver nada. Todo era una duda nublada. El escepticismo se la estaba terminando de comer.
Mucho tiempo balanceandose en la curva que toma el signo de interrogación. Quebrando límites que ni siquiera conocía. Ahora buscaba la salida, adentro del monstruo que la había devorado. Y corría. No podía mirar a nadie, ni decir que sí ni decir que no. No podía. No sabía. Ahora todo era correr, buscando a la otra y preguntarle si ella sabía como encontrar la salida hacia adentro.
Si tan sólo hubiese sabido (pero es que ya no sabía nada) que había que sentarse y esperar con los ojos abiertos. Esperar a que la bestia la vomite.

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