jueves, agosto 18, 2005

Claroscuro

Ella se miraba buscando algo ajeno, algo disímil, algo que hiciese ruido en la imagen. Buscaba algún indicio que le diese esperanza. Pero nada. Inmediatamente sentía la idea de locura crónica avanzar sobre las telarañas del hemisferio derecho, donde se guardan los elementos que uno luego repite incansablemente en la vejez. Después pasaban los días y ni se acordaba; hasta que un impulso la volvía a poner frente a su imagen multiplicada, por ahora, sólo una vez.
Todo Igual. Pero al revés.
Un día decidió no mirarse más (en realidad, para que ella no tuviese que verla más); los envolvió uno por uno, sacó el miniatura de la cartera de mano, y los dejó bien envueltos en la vereda.
Quizás era verdad. Quizás del otro lado había alguién que era igual a ella pero al revés. Alguién que al igual que ella necesitaba refugio; pero lo tenía. Alguién que lloraba y reía. Y no también. Alguién que buscaba casi ininterrumpidos estados de felicidad; pero los buscaba en los lugares adecuados. Ahí estaba la contradicción que otorgaba esperanza. Esperanza de ser feliz, al revés, del otro lado. Feliz en algún lugar.
Por eso decidió tirarlos. Porque, esa mañana se despertó con una certeza. Pensó así que no era justo devolverle a la otra (que le daba esperanzas por lo menos) el reflejo espectral de una mujer que vivía igual; pero al revés: sobrevivía.

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